100 años – 100 historias - Wójcicki

Stanisław Wójcicki era oriundo de Celinów, cerca de Mińsk Mazowiecki en el voivodato de Varsovia. Llegó por primera vez a Argentina en 1911 con apenas 18 años acompañado por tres amigos, todos solteros, en un viaje de aventuras “low cost” – como lo llamaríamos hoy. Argentina -y Sudamérica en general- despertaban curiosidad. Durante varios meses recorrieron distintos lugares hasta donde llegaban las vías del ferrocarril. Nadie imaginaba entonces que tenían por delante dos guerras mundiales. En uno de esos viajes en tren, llegaron al pueblo de Lezama en la Prov. de Buenos Aires (hoy ubicado a la vera de la Ruta 2). Casi sin dinero y con hambre, se acercaron a un campo donde vieron vacas y otros animales y le pidieron al dueño algo para comer. La respuesta del estanciero los sorprendió: “Muchachos, esto es la Argentina. Acá nadie tiene hambre. Coman toda la carne que quieran. Mientras me dejen el cuero colgado en el alambrado, no hay problema”.  Esta frase, que reflejaba la abundancia de la Argentina a comienzos del siglo XX, les quedó grabada para siempre. Pero poco tiempo después el viaje de los aventureros llega a su fin, y todos regresan a Polonia.

Stanisław se casó en Celinów, Polonia, con Stanisława Kucińska y allí nacieron sus tres primeros hijos: Marysia (1916), Henryk (1919) y Sylwester (1922). La situación económica en Polonia en la década de 1920 seguía siendo muy difícil como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. Recordando aquellas palabras que había escuchado años antes —"En la Argentina nadie pasa hambre"—, en 1927 Stanisław decidió regresar al país, esta vez solo, con el propósito de evaluar las posibilidades de trabajo y decidir si convenía emigrar definitivamente junto con toda su familia.

Como era de esperar, el primer lugar al que se dirigió fue Lezama. De oficio era sastre, por lo que instaló un pequeño puesto en la estación de tren y empezó a coserle trajes a toda la gente del pueblo.  Dos años más tarde, convencido de que la Argentina ofrecía un futuro prometedor, decidió traer a su esposa y a sus hijos. El 25 de marzo de 1929, Stanisława y los tres niños llegaron a Buenos Aires a bordo del barco Asturias, iniciando una nueva etapa para toda la familia.

Vivieron primero en una habitación en el barrio de Chacarita, más tarde en el barrio de Villa Urquiza, y luego de varios años pudieron comprar su propia casa en el partido de General San Martín. En 1930 ya instalados en Argentina, nace el cuarto hijo, José– “Ziutek”.

En San Martín, Stanisław continuó trabajando en su taller de costura, los chicos asistían a la escuela y toda la familia participaba activamente en la Colectividad Polaca, especialmente en Ognisko Polskie de la calle Gorriti en Capital, en la Sociedad Polonesa de San Martín, y en la comunidad polaca parroquial de Villa Lynch, donde se celebraban las misas en polaco mientras la capilla de Martin Coronado estaba aún en construcción.

Al finalizar la Escuela Técnica, Henryk (Enrique.. o Heniek, como lo llamaban todos) instala un taller de matricería en el garage de su casa en San Martín. Allí se especializó en la fabricación artesanal de matrices, que abastecían, entre otras, a las industrias automotriz y gastronómica.

Toda la familia sigue siempre muy involucrada manteniendo un fuerte vínculo con la Colectividad Polaca, pero a la vez pendiente de los acontecimientos en Polonia. Su compromiso era tan fuerte, que Heniek y Sylwek se inscribieron en la lista de voluntarios de la comunidad polaca en Argentina para viajar a combatir por Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, algo que finalmente no pudieron concretar.

A comienzo de década de 1950, Heniek y Sylwek se asociaron con un tercer socio de apellido Broner y fundaron la empresa WOBRON, nombre formado por la unión de los apellidos WO (Wójcicki) y BRON (Broner). Mientras Broner aportaba el capital, los hermanos contribuían con el conocimiento técnico, el trabajo y la comercialización. Así nació la primera fábrica de discos de embrague de Sudamérica. Con el tiempo la marca WOBRON logró consolidarse en el mercado y el producto se vendía muy bien. Fue entonces cuando Broner convenció a los hermanos de venderle su participación en la empresa. Confiados en que el verdadero valor residía en la experiencia y los conocimientos que ellos mismos tenían y habían desarrollado, los hermanos Wójcicki accedieron a vender, con la idea de volver a fabricar y vender por su cuenta, pero sin darse cuenta de que el mercado tenía sus propias reglas.

Para entonces, la marca WOBRON ya se había consolidado en la Argentina y en varios países vecinos, y los clientes la preferían. La fuerza de la marca terminó imponiéndose sobre el conocimiento técnico de sus creadores.

A partir de entonces, Heniek decidió continuar trabajando por cuenta propia, dedicándose a la fabricación artesanal de matrices y piezas especiales para la industria.

Mientras tanto, toda la familia continuaba desempeñando un papel muy activo en Ognisko Polskie. Stanisław fue presidente de la institución durante un período, mientras que Stasia lideraba el Círculo de Damas Maria Curie Skłodowska, colaborando en la organización de actividades, la preparación de eventos y en todo aquello que hiciera falta.

Los hijos también participaban de la intensa vida social y cultural de la institución y de la colectividad en general, asistiendo a fiestas, celebraciones y encuentros.

En aquellos años, Ognisko Polskie contaba además con un conjunto de danzas folklóricas polacas propio, del cual formaron parte los hermanos Heniek y Sylwek.  

En ese ámbito, entre bailes, comidas y diversas actividades, los hermanos conocen a sus futuras esposas. Henryk conoce a Tosia Lubecka; Sylwek a Anita Kogutiuk, y Ziutek a Nelly Kutkowska.

Tosia nació en Chorzów, en el voivodato de Silesia. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, tenía 12 años. Durante la ocupación alemana, los nazis asesinaron a su padre delante de la familia, y se llevaron a su madre y su hermana por un lado y a ella sola por separado.  Tosia hablaba un poco de alemán, como muchas personas en Silesia, por ser una zona fronteriza. La obligaron entonces a trabajar para ellos, primero en Chorzów y más adelante en Kraków, en la fábrica conocida por todos como “La fábrica de Zieleniewski”. Era una metalúrgica que los alemanes usurparon para fabricar armamento para el Tercer Reich.  Aunque desempeñaba tareas administrativas, las condiciones de vida estaban marcadas igualmente por el hambre y el terror permanente.  Al ser una fábrica de armamento, en “lo de Zieleniewski” comenzó a organizarse un grupo de la Resistencia Polaca (conocido en polaco como “konspiracja o podziemie”).  Gracias a eso, Tosia logró escapar oculta en un camión de verduras y pudo llegar hasta Italia donde se incorporó al Segundo Cuerpo del Ejército Polaco del General Anders. Allí prestó servicio hasta el final de la guerra.

Luego de la desmovilización de tropas, los integrantes del Segundo Cuerpo podían quedarse en Gran Bretaña, regresar a Polonia o emigrar a otros países. Tosia no había podido establecer contacto con su madre y hermana, y desconocía si seguían con vida. Por lo tanto, eligió emigrar bien lejos, lo más lejos posible de la guerra. Y ese destino era la Argentina. Llegó a la Argentina en 1947. Tenía apenas veinte años, estaba completamente sola y comenzaba una nueva vida en un país desconocido.

Poco después de su llegada, su triste historia fue publicada en una nota del diario Crítica. Entre quienes la leyeron se encontraba un matrimonio de origen polaco, de apellido Władyczko, que no tenía hijos. Conmovidos por su situación, la acogieron como a una hija. Le dieron un hogar, un trabajo y, sobre todo, una familia. Los Władyczko tenían un almacén de ramos generales en Berazategui pero frecuentaban Ognisko Polskie en la Capital. Gracias a ellos, Tosia comenzó a participar de la vida de la institución y se integró plenamente a la colectividad polaca en la Argentina.

 Tosia y Henryk Wójcicki se casaron el 17 de junio de 1950 en la Iglesia Polaca de Mansilla. La fiesta fue por supuesto en Ognisko Polskie. Tuvieron dos hijos: Romek y Dana.

Tosia logró recuperar el contacto con su madre y hermana, recién bastantes años después de su arribo a Argentina. Había intentado localizarlas por medio de la Cruz Roja y asociaciones de excombatientes, sin éxito.  La solución llegó de una manera poco convencional e ingeniosa: La familia iba a misa en polaco a la iglesia sirio-libanesa de Villa Lynch. Allí Tosia conoció a Franek Jaksik, un compatriota oriundo de su ciudad natal, Chorzów. Él le contó cómo había logrado restablecer el contacto con su propia novia para luego traerla a Argentina.

En aquella época, llegaban a Buenos Aires barcos mercantes de Polonia con bastante frecuencia. Era bastante habitual que las familias polacas residentes en Argentina visitaran los barcos en busca de productos polacos, y con el tiempo entablaban amistad con algunos de los marineros, que muchas veces volvían en sucesivos viajes. Siguiendo ese consejo y luego de varias visitas, finalmente conocieron a un marinero oriundo de Chorzów, que se comprometió a averiguar sobre el destino de su madre y hermana cuando regresara a su ciudad. Había que esperar bastante tiempo hasta que el barco volviera a Polonia, el marinero fuera a su ciudad, y pudiera averiguar. Pero finalmente, gracias a ese gesto solidario, Tosia logró recuperar el contacto con su familia!

Tosia y Heniek, al igual que Stanisław y Stanisława antes que ellos, criaron a sus hijos hablando polaco. No sólo les transmitieron el idioma, sino también todas las costumbres, las tradiciones y un profundo amor y respeto por Polonia. De esa manera, preservaron su identidad y transmitieron a las nuevas generaciones el orgullo por sus raíces y el compromiso con la cultura polaca. A lo largo de toda su vida participaron activamente en muchas organizaciones de la colectividad polaca.

Su compromiso comenzó en el Ognisko Polskie, desde los primeros años de la familia en la Argentina, y continuó en Maciaszkowo, en Martín Coronado, en el Dom Polski —participando en sus diversas actividades y las de sus Secciones— y en numerosas instituciones y clubes de la colectividad polaca de Capital y del Gran Buenos Aires.

Dana y Romek participaron activamente desde pequeños en las instituciones de la colectividad polaca. Formaron parte de la Escuela Polaca de Maciaszkowo, del ZHP (Scoutismo Polaco) y de las numerosas actividades desarrolladas en el Dom Polski.

Su trayectoria artística comenzó en el Coro Federico Chopin y continuó, durante más de dos décadas, en Nasz Balet, donde fueron bailarines solistas. Paralelamente, allí también asumieron responsabilidades organizativas y administrativas. Durante esos años brindaron un permanente apoyo a Ela Niewiadomska y Marian Bogusławlewicz, directora y presidente del Conjunto respectivamente, y continuaron haciéndolo en las etapas posteriores, bajo la dirección de Anna Kuklińska y luego, de Barbara Szuladzińska.

La familia estuvo siempre dispuesta a colaborar, de manera voluntaria cada vez que la colectividad polaca lo necesitó. Colaboró en la organización de numerosos acontecimientos, entre ellos el encuentro con San Juan Pablo II en el Luna Park de Buenos Aires, la coordinación de una caravana de polacos hacia el interior del país durante el Mundial de Fútbol de 1978 y muchas otras iniciativas.

También abrió generosamente las puertas de su casa y brindó apoyo logístico siempre que fue necesario recibir, trasladar, ayudar como intérpretes del idioma polaco o asistir de alguna manera a delegaciones llegadas desde Polonia. A lo largo de los años, ofrecieron su ayuda a varios grupos de andinistas polacos que emprendían sus expediciones a la cordillera de los Andes (década del 80), a conjuntos folklóricos que visitaron la Argentina, entre ellos PZLPiT Mazowsze (1975 y 1977), ZPiT AGH Krakus (1986), ZPiT Jedliniok (1987), Zespół Folklorystyczny Bartek y a numerosas delegaciones deportivas, entre ellas:  Campeón Mundial de Esgrima (en el club OSN),   Sobiesław Zasada (corredor automovilístico de Rally y bicampeón del Rally de la República Argentina, 1967), Selección de Polonia en el Campeonato Mundial de Hockey sobre césped en la República Argentina (1978), Campeonato Mundial de Vuelos de Precisión, desarrollado en la provincia de Córdoba (donde los pilotos polacos triunfaron en todas las categorías disputadas, 1991).

Se destacaron por ser una familia de la emigración polaca profundamente patriótica, comprometida con una Polonia Libre y activamente involucrados en la vida social y cultural de la colectividad polaca en la Argentina.

 

Krystyna Prażmowska

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