100 años – 100 historias - Solarski – Prażmowski

Marian Solarski y su esposa Janina, mis abuelos maternos, nacieron, crecieron y se casaron en Chorostków, voivodato de Tarnopol. Allí también nacieron sus hijas y vivieron hasta el 10 de febrero de 1940 – fecha en la que toda la familia fue deportada a Siberia. Las hijas tenían entonces 8 años (Irena) y 4 años (Zula, mi madre). Después de dos años muy difíciles llegó la amnistía, y junto con miles de compatriotas emprendieron el largo y penoso camino hacia el sur, a través de Uzbekistán hasta Irán donde se concentraba el Ejército Polaco. Irena no pudo resistir las enfermedades y falleció durante el trayecto.  En Medio Oriente vivieron varios años en los campamentos para refugiados, siempre en comunidad con otros polacos exiliados y cerca del Ejército Polaco.

Zula crecía, asistía a la Escuela Polaca de campaña y se unió al Scoutismo Polaco como “zuch” (lobato). En 1944 nació su hermano Jerzyk. Terminada la guerra y con el paso del tiempo, empezó la desmovilización de tropas y el cierre de los campamentos de refugiados. Las familias debían decidir qué hacer de su vida o donde ir. Marian y familia no podían volver al lugar donde antes de la guerra estaba su hogar. La frontera había sido modificada y esa región ya no pertenecía a Polonia. Además, habían perdido contacto con todos los hermanos y el resto de la familia de Marian. Como consecuencia de la guerra, todos habían terminado dispersos en diferentes puntos de Polonia, algo que pudieron saber recién luego de largos años.

Entonces decidieron lo mismo que muchos… emigrar a otro punto del mapa... y lo más lejos posible de la guerra…. Desde Italia partían los barcos a Argentina, que era uno de los países que menos requisitos exigía a los inmigrantes. Además, era vox populi que en el "granero del mundo" no sería difícil conseguir trabajo. 

Llegaron a Buenos Aires el 14 de septiembre de 1949 a bordo del barco Ravello. Mi abuelo Marian consiguió trabajo en el Laboratorio Lutetia, en Olivos, que con los años se transformó en el Laboratorio Roche. Al principio nada sabía sobre laboratorios y fabricación de medicamentos, pero fue aprendiendo el oficio y trabajó allí hasta su jubilación.   

Además de trabajar en el Laboratorio, su gran hobby era la cría de canarios. Tenía decenas, los cuidaba y atendía minuciosamente y le conocía las mañas y gustos a cada uno. Con el tiempo empezó a competir y ganar los primeros premios de la Asociación de Canaricultura Roller Argentina. Su idea era también generar un ingreso extra con esta actividad, para poder viajar algún día a Polonia con la esperanza de poder encontrar a su familia.

Seguía sin saber nada de sus padres y hermanos desde la deportación a Siberia. Las búsquedas a través de la Cruz Roja y otras organizaciones siempre fueron infructuosas, y ni siquiera sabía si seguían con vida.  

Hasta que un día, en 1959 ocurrió el milagro. En los años de posguerra, el semanario “Przekrój” – uno de los más populares de la época, tenía una sección dedicada a los Polacos en el mundo. Allí salió publicada una foto de Marian con sus canarios. Sus hermanos en Polonia lo vieron en la revista... el nombre coincidía… y aunque no se veían hacía casi 20 años, notaban el parecido en la foto. La emoción fue enorme! A través de la redacción del Semanario, los hermanos pudieron reencontrarse, al menos por carta.

Zula ya desde la temprana juventud en los años ‘50 se incorporó a las actividades de la comunidad Polaca en Buenos Aires.  Era harcerka (guía scout), y por su edad se unió al “Krąg Starszoharcerski Wędrownych Zniczy” (Círculo Scout Las Antorchas Caminantes),  similar a los “wędrownicy” (Caminantes) de ahora.

En ese ámbito y en las muchas actividades que había por la época, primero en la antigua sede de SPK (Asociación de Ex Combatientes) y luego en Dom Polski, conoce a su futuro esposo Roland “Lolek” Prazmowski, que había llegado a Buenos Aires solo con su madre desde Inglaterra también en 1949.

El Krąg Starszoharcerski Wędrownych Zniczy se reunía en Dom Polski, participaba activamente de todas las fechas patrias y organizaban “herbatki” (meriendas), “kominki y ogniska” (fogones), café concert, bailes, además de actividades al aire libre: excursiones y campamentos. Al círculo se fueron sumando también integrantes que eran además ex - combatientes. Habían sido soldados a tan corta edad…!                                                                                                                                                                     

Como consecuencia de eso, algunas actividades de ambas organizaciones en un punto se entrelazaban, mientras se iban formando parejas y forjando amistades para toda la vida. Todos tenían una gran vitalidad y ganas de vivir, y de empezar una nueva vida después de los trágicos años de guerra que les tocó vivir. De ese grupo, yo coseché muchos “tíos” y “tías” con los que tuve una entrañable relación por el resto de sus vidas.

Zula y Lolek se casaron el 20/02/1960 en la Iglesia Polaca de Mansilla, y la fiesta fue -al igual que la de muchos de su grupo- en la sede de SPK (“Kombatanci”), ubicada en Paso 133 en el barrio de Once. Esa sede existía desde antes que se comprara el Dom Polski en Serrano 2076, y muchas actividades tenían lugar allí – tanto de SPK como de otras organizaciones. Lolek, mi papá, era socio activo de Ex Combatientes y lo fue por décadas.

En los años siguientes, Zula participó también en el Coro Federico Chopin, y después en Nasz Balet, donde bailó varios años.

No podría precisar mi primer recuerdo en Dom Polski, ya que mi vida estuvo ligada a la comunidad polaca desde que nací, pero fue seguramente en un Św. Mikołaj, que organizaba la PMS todos los años. O en un Kaziuk, que por entonces duraba dos días, y el patio y sus galerías a los costados se llenaban de puestos con cosas ricas, aromas, juegos, actuaciones y espectáculos artísticos.

Cuando con mi hermano llegamos a la edad escolar, se sumó a nuestra vida la Escuela Polaca de Maciaszkowo – Martín Coronado, junto con la participación en la Gromada Zuchowa Dobre Ziółka (Lobatos del Scoutismo Polaco) y luego en las Tropas Scout, “Drużyny” - la 5ŻDH de las chicas y la 6KDH de varones, de Maciaszkowo. Zula se sumó al KPH (Círculo de Amigos del Scoutismo) y ambos padres participaban activamente en los eventos de Maciaszkowo. Al mismo tiempo, además bailábamos en Nasz Balecik y luego en Nasz Balet, en Dom Polski.

Polonia estuvo y está presente en mi vida y la de mi familia desde siempre. El polaco fue mi primer y único idioma hasta los cinco años. Eso era muy común en ese entonces entre los conocidos de mi generación: aprendíamos el castellano recién cuando llegaba el momento de ir al jardín de infantes.

Mis abuelos y padres supieron transmitir el amor a las raíces, la añoranza por una Polonia libre que ellos no llegaron a ver. Pero al mismo tiempo nos transmitieron también el idioma, las costumbres, tradiciones, la identidad y las emociones más profundas.

 

Krystyna Prażmowska

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