Soy hija de polacos, mi nombre es Alicia Suchecki y quiero contarles parte de la historia de mi familia.
Allá por el año 1936, mis abuelos paternos, con sus 6 hijos, 5 varones, entre ellos mi padre con 12 años, y una sola niña bebé con apenas 6 meses de vida, emprendieron su viaje y desarraigo desde la provincia de Tarnopol, Polonia, aconsejados por el padre párroco del pueblo, amigo de la familia, ya que tenía información de que se estaba armando la segunda guerra mundial, hecho que ocurrió en el año 1939.
Mi abuelo ya había participado en la primera guerra mundial y había estado en combate hasta su finalización, eso significó estar 5 años fuera de su casa y alejado de su familia .
En ese momento ellos ya tenían 3 hijos pequeños, anteriores, los que quedaron al cuidado de mi abuela, pero lamentablemente enfermaron y fueron hospitalizados, con tan mala suerte que el hospital fue bombardeado y esas 3 criaturas fallecieron.
Mi abuela que se había quedado sola, también perdió su casa; con motivo de un bombardeo su casa voló, solo le quedó el piso, o sea, que ella se quedó sin hijos y sin casa, y también sin marido, ya que él estaba combatiendo en el frente de batalla por 5 años . La nueva casa de mi abuela fue reconstruida entre los vecinos .
Volviendo al año 1936, cuando toman la decisión de abandonar Polonia, e ir en busca de nuevos rumbos, tuvieron que malvender su propiedad, sus animales y todo lo que tenían. Con el dinero recaudado pudieron emprender viaje hacia la Argentina con la esperanza y expectativa de hacer la América, como tantos inmigrantes por aquellas épocas .
Viajaron embarcados 30 días hasta llegar al puerto de Buenos Aires, donde los estaban esperando familiares que les recomendaron seguir viaje hacia Paraguay, ya que tenían grandes posibilidades de comprar tierras y asentarse, viviendo de la agricultura, y así lo hicieron. Pudieron tener su propia chacra y arrancar de cero, trabajando de sol a sol. Se fueron reconstruyendo, fortaleciendo sus ganancias a través de sus cosechas y la producción .
En Paraguay tuvieron otro hijo que vivió hasta los 21 años, pero lamentablemente se enfermó de leucemia y falleció, estaba por convertirse en padre, pero no pudo conocer a su hija, falleció al sexto mes de embarazo de su mujer.
Mis padres se conocen y se casan en Paraguay, en Colonia Fram, Carmen del Paraná, vivían a 1 km de distancia, en pleno campo.
Mi madre era modista y mi padre era carpintero, mi padre tocaba el acordeón, como muchos polacos, él nunca estudió, tocaba de oído, aprendió sólo, ¡pero lo hacía muy bien!
Siempre lo llamaban para alegrar y ponerle música a todas las reuniones familiares. En mi casa él todas las noches antes de irse a dormir tocaba algunos temas, tales como polkas, vals o pasodoble, era una persona divertida y amaba la música.
Luego de instalarse en Buenos Aires, luego de casarse, con mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio, pudieron comprar un terreno en Lanus, y construir su propia casa con ayuda de sus hermanos, que también vinieron desde Paraguay a instalarse.
Tuvieron 3 hijos, mi hermana mayor, yo la del medio y mi hermano el menor, el mimado de la familia.
Mis abuelos maternos también eran polacos y mi mamá era única hija, cuando mis padres se casan y se vienen a vivir a Buenos Aires, mis abuelos maternos se quedan en Paraguay solos, al cuidado de su chacra, así que nosotros íbamos a visitarlos todos los años en vacaciones escolares de verano, y siempre que llegábamos ya nos estaba esperando la hamaca que nos hacía mi abuelo con gruesas sogas que pendían de un árbol, como no recordarlo !!!
Nos quedábamos 1 mes disfrutando de la vida del campo, sin luz, pero rodeados de naturaleza, tomábamos agua del aljibe y comíamos ricas comidas polacas que nos preparaba mi abuela, y nunca faltaban los famosos pierogi ... Ahhh y nos bañábamos en un fuenton con jabón de coco en el granero.
Nos levantábamos a las 5 de la mañana cuando amanecía, y nos íbamos a dormir cuando oscurecía, no sin antes, jugar un rato a cazar bichitos de luz con una rama que luego guardamos en una botella, era llamativo para nosotros ver la botella con los destellos que producían esos pobres bichitos.
Qué felices fuimos durante todo ese tiempo, con tan poco nos divertíamos y como lo disfrutamos. Con el paso del tiempo mi abuelo falleció y mi abuela vino a vivir a Buenos Aires, no volvimos nunca más a Paraguay, creo que fue porque preferimos recordarlo como lo dejamos en nuestra infancia. Pero tengo noticias de sus adelantos por familiares que quedaron allá.
Esta es parte de la historia que quería compartir de mi familia, y destacar, por sobre todas las cosas, la fortaleza y entereza que tuvo mi abuela paterna, a pesar de todos los momentos angustiantes y demoledores por los que tuvo que atravesar.
Ella fue traída por sus hijos desde Paraguay a Buenos Aires, después que falleció mi abuelo, y vivió un tiempo con cada hijo. Falleció a los 76 años en los brazos de uno de sus hijos.
Ella era una persona muy especial, nos curaba el susto con un huevo, y el mal de ojos, y también cuando nos dolía la panza nos hacía unos masajitos con aceite tibio. Siempre vivirá en el mejor de mis recuerdos.
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