Nuestro abuelo Stanisław nació el 6 de noviembre de 1888 en la localidad de Niesłabin, 30 km al sur de la actual ciudad de Poznan; sus padres Tomasz Polowczyk nacido en 1862 y Wiktoria Peikert nacida un 20 de diciembre de 1863 en Wyrzeka, Srem.
En aquella fecha ese lugar formaba parte de Prusia Occidental y del Imperio Alemán.
La abuela Helena, nació el 1ero. De enero de 1894 en Sypniewo, ubicado a 15 km al oeste de Wiecbork y 92 km de Bydgoczsz, siendo sus padres Antonio Winiecki nacido en el año 1865 y Juliana Püffel nuestra bisabuela, de la cual no tenemos registro de año de nacimiento ni lugar. El pueblo donde nace nuestra abuela Helena, también formaba parte de Prusia Occidental y se ubicaba incluido en los límites del Imperio Alemán.
Los abuelos se casaron en Wiecbork, el 22 de noviembre de 1921, continuaron viviendo allí, donde nacieron Maria Czesława en 1923 y Stefania el 7 de noviembre de 1924, futura mamá de Jorge; comentado por mi abuela Helena, con anterioridad habían nacido 2 varones mellizos que fallecieron al poco tiempo.
Entre papeles y documentos que se pudieron ir reuniendo, encontramos una libreta de empleo del abuelo en los ferrocarriles de Gdansk en Polonia, previo a su viaje a Argentina.
El abuelo Stanisław tiene como fecha de entrada a Argentina el 26 de Abril de 1924, según figura en el sello de la Dirección Nacional de Inmigración en el pasaporte del abuelo. En los archivos del CEMLA hay un registro, que seguramente tiene algunos errores (que podrían ser frecuentes dado la transcripción manual y lo complejo de leer en polaco los documentos), que podría pertenecer al abuelo. Dice Poloczyk Stanislaw en lugar de Polowczyk Stanisław, edad 25 en lugar de 35 , y el pueblo Niewr en lugar de Niesłabin. El buque en que llego seria el Gelria de de la Compañía Holandesa de Navegación (KONINKLIJKE HOLLANDSCHE LLOYD/(Royal Holland Lloyd). La fecha de ingreso dice 2 de abril de 1924, pero se entiende esta discrepancia con lo del pasaporte, algo similar a lo que ocurrirá con la abuela Helena.
La abuela Helena con Czesława y Stefania tienen como fecha de entrada al país el 21 de abril de 1927, según figura en el sello de la Dirección Nacional de Inmigración en el pasaporte de la abuela .Ellas vinieron en el buque Andes de la Royal Mail Lines, que partió de puerto de Cherburgo (Francia). Una aclaración, en los registros del CEMLA (centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos) figura como fecha de arribo el 2 de abril de 1927, pero es un error, ya que en el pasaporte de la abuela figura como visado por parte del Puerto de Cherburgo el 1ero. De abril de 1927, y muy posiblemente el día 2 de abril de 1927 sea la fecha de zarpado del buque.
Desde que el abuelo Stanisław arribó a Argentina hasta que la abuela Helena y sus 2 hijas polacas llegaron también, pasaron 3 años. La abuela Helena no pudo reencontrarse con su esposo; una joven mujer y sus pequeñas hijas en una tierra desconocida carecían de un Norte, no conocían a nadie, pero la Fe que siempre estuvo presente en la familia polaca, hizo que la abuela Helena se ponga en contacto con un grupo de monjas polacas llegadas a Argentina, y le permitió poder rastrear el paradero e itinerario de Stanisław. Así es como la abuela puede obtener el dato que el abuelo fue hacia Misiones, probablemente en el poblado de Apóstoles/Oberá/Wanda donde trabajó en el tabaco y tareas agropecuarias. (Si bien no tenemos datos precisos, pero es posible que en Misiones también hemos tenido/tenemos familiares producto del paso de nuestro abuelo por esos poblados) Hacia allí se dirigió Helena con sus pequeñas hijas y logró localizarlo, luego del reencuentro, se volvieron a Bs As, para poder conseguir un lugar para vivir y trabajar. No pasó mucho tiempo y lograron conseguir tareas de granja en Colonia Barón, provincia de La Pampa.
En su estada en ese poblado, en marzo de 1928 nace la primer Polowczyk argentina, Ana futura mamá de Mario.
En agosto de 1928, nace Sofia, también en Colonia Baron, futura mamá de Viviana.
Si bien los Polowczyk estaban ya bien instalados en Colonia Baron, con trabajo y viviendo en una casa muy próxima a un cruce de ferrocarril y silos de acopio de semillas, llega una nueva posibilidad de trabajo en una zona totalmente inóspita y con creciente actividad por haber aparecido “el oro negro”, el petróleo. Fue Neuquén la provincia que les va a dar nuevo cobijo.
Como buen herrero, mecánico y trabajador al fin, la empresa americana Standard Oil lo contrata para trabajar en Plaza Huincul, en la zona denominada “Laguna Colorada” para instalarse en el Campamento Dadin, realmente un campamento de tiendas de campaña a la espera de casas bien construidas para poder soportar las inclemencias severas de la meseta neuquina, sobre todo en los implacables inviernos.
En mayo de 1935, nace el último Polowczyk Winiecka, Santiago José quien será el que mantenga el apellido para futuras generaciones.
Las niñas Polowzcyk se instruyen en la escuela cercana al Campamento, Ana, por no tener la posibilidad de continuar un estudio secundario por no existir escuela para ese propósito, decide repetir (ya con 6to. Grado aprobado) el 6to. Grado para no perder la posibilidad de estudios.
Las Polowczyk en Campamento Dadin, se destacan como actrices en una Compañía de Teatro, realizan varias obras en el teatro del Campamento y luego en el cine teatro Petroleum que estaba instalado en el llamado Campamento 1 de YPF, a unos 16 km de distancia de su campamento habitual.
El el año 1946 con la decisión del presidente argentino Perón, de pasar al estado todas aquellas empresas extranjeras, el Campamento Dadin pasa de Standard Oil – ESSO a la empresa estatal YPF, y Stanisław pasa a cumplir funciones para el nuevo emprendimiento.
En esos tiempos comienzan a su vez noviazgos y casamientos de las Polowczyk.
Se casa “Chela” con Tomás Cantlon, “Tefa” con Eduardo Lozano y Ana con Pedro Ronconi.
Don Stanisław pasa a ser parte de un grupo de tareas junto a técnicos e ingenieros, cuya función sería buscar la forma de hacer llegar a las distintas familias refresco en las épocas estivales, es allí que nace la famosa “Fábrica de Hielo de YPF” que se montará en el Campamento Central de YPF, de Plaza Huincul.
Junto a su hija Ana, viajan a Bs As para presentarse en la nóvel Embajada de Polonia y llevar la data de la familia Polowczyk Winiecka resisdente en Argentina, esos datos quedaron rubricados con la declaración del abuelo Stanisław.
Para fines de marzo de 1958, fallece el abuelo Stanisław en Plaza Huincul y la abuela Helena queda viuda pero con la asistencia de sus hijos Sofia y “Tito” José desde Plaza Huincul, Chela y Tefa desde Bs As y Ana desde Campana, provincia de Bs As.
Y con la aparición de los nietos, comienzan a conocerse las distintas experiencias con la “NONNA” Helena, bautizada así por la descendencia italiana en la familia con Potenzoni y Ronconi.
La Nonna año tras año estaba en casa de la familia de sus hijas/o.
Y así aparecen las distintas vivencias.
En un momento, probablemente desde el desconocimiento general en esa época, la abuela Helena tiene complicaciones por glaucoma y pierde completamente la visión de un ojo. Ésto no hace mella para que continúe su actividad con el tejido con lana (a 4 agujas, increíble siendo casi ciega, cómo recordaba los puntos y nunca necesitaba corrección), cocinar y cuando tenía ganas charlar (prácticamente con silencios) con sus nietos.
Hablar de Polonia, poco y nada.
Según ella, no era polaca, era alemana, porque su poblado natal pasó a ser alemán.
Contar de la guerra que era lo más estúpido que había, de haber perdido 9 hermanos en la guerra por combatir como caballería contra tanques (deducimos que fue en la IIWW, cuando Alemania ataca a Polonia en 1939).
Comidas……… paaaaaa que había para hablar y comer…..
Y así también aparecían los “nombres inventados” a las distintas comidas.
Pato o ganso a la cacerola embebido en su grasa, manjar de los dioses.
Huevos revueltos con panceta y ciboulette….. (e inventar un nombre….Rye Ay)
Los Ponschki (berlinesas con batata o membrillo en su interior)
La torta Kuga (sencilla de harina y levadura con molido de nueces y azúcar espolvoreado arriba)
Poco Pierogi, pero si “niños envueltos” en carne u hoja de parra, con repollo y panceta.
Sopas de tomate, de arvejas, de papa, de coliflor, “de chocolate”, sopa de gnocchi, y cuántas más……. El goulash…… arenques…..
Ella cobraba su pensión, y siempre se acordaba de sus nietos, te llamaba y te decía en silencio…..”tomá, guárdalo y que no te vea tu mamá”…..
La prima Viviana tambén comentaba que en verano empezaba uno de los tantos trabajos que la ocupaban: desarmando un extremo del colchón, sacaba los bordes y luego los "botones". El paso siguiente consistía en sacar toda la lana de su interior, con la que hacía una especie de montaña al lado de la máquina cardadora. La estiraba y la iba desmenuzando a mano, porque decía que así se desprendía polvo y suciedad. Sentada sobre una tabla; con forma de un “subibaja”, pero fija; comenzaba a pasar la lana ya desenredada entre las dos chapas curvas y paralelas, cada una con clavos en dirección opuesta sin que llegaran a tocarse, y al mismo tiempo las empezaba a mover hacia adelante y hacia atrás. La lana cardada salía por el extremo opuesto al que entró. Esta operación se repetía con cada uno de los colchones de la casa.
Si el cotín del colchón estaba en buen estado se lavaba, y una vez seco lo volvía a rellenar con la lana cardada, empujándola bien, a la que agregaba otra nueva considerando las pérdidas producidas durante el cardado. Una vez finalizado el relleno del colchón cosía con hilo grueso el extremo abierto, hacía el borde, y con las largas agujas de colchonero colocaba los botones, atravesándolo. El trabajo estaba terminado.
Seguía con las almohadas que eran rellenas de plumas de gansos y patos que también criábamos en casa, junto con gallinas y conejos. Aparte de la huerta, en la que había de todo.
Todo aprovechaba, y todo reciclaba, nada se perdía. Cada temporada, cada estación, tenía su tarea, frascos de dulces y conservas, no faltaban nunca.
Cocinaba como los dioses, su mamá Juliana había sido cocinera de una familia de terratenientes.
Nada se tiraba, creo que era porque venia disparándole a la guerra, bahhh no es que lo crea, “la papa es para el soldado, la cáscara para el pueblo” dice que decían… cebolla papa y ajo lo que sea que sobreviviera a las bombas, y hasta al enemigo mismo que no tenía piedad si los encontraban.
“No saben lo que es la guerra!”, decía cuando el conflicto por Malvinas…..
A veces contaba algo,…anécdotas….como cuentos, y volvía al trabajo.
Contaba de una hermana que se había casado con uno de la Gestapo y que nadie en la familia volvió a decir su nombre. Contaba de su hermano fusilado y enterrado en una fosa por los rusos (odiaba a los rusos, literalmente los odiaba), y de su padre volviendo de Rusia después de combatir, me decía que traía una larga barba blanca y sus pies descalzos envueltos en trapos, todo embarrado, los ojos apagados y el silencio… largo, prolongado, doliente, en carne viva.
Los cuentos eran tristes, pero ella sonreía, no se, me gustaba preguntarle aunque no daban ganas de repreguntar; y no dan ganas de contar tampoco.
Yo siempre la observaba, me sentaba en un banquito no muy cerca, y aprendía.
Y aprendí muchas cosas mirándola en silencio.
Tendría mas o menos cinco años, y había nacido mi hermano, lo que significaba una gran ayuda para mi mamá, ella estaba planchando la ropa,… planchando a la antigua, con almidón y todo eso….
Fue creo la ultima vez que me acerque mucho, yo quería saber si la plancha calentaba la ropa (cosas de chicos) y puse mi mano sobre una de las prendas que ella
doblaba cuidadosamente …..estuve como un mes con toda la mano quemada, cascarones negros y marrones tardaron en sanarse. No grite o no me animé a gritar, para no asustarla yo sabía que ya no veía casi nada.
Ella siguió planchando, me parece que no se dio cuenta porque nunca me dijo nada
Yo seguí mirándola en sus tareas, pero de lejos.
Como admiraba a mi abuela, y que respeto que inspiraba…….
La Nonna Helena nos dejó a sus 94 años un 3 de febrero de 1988 en Campana, provincia de Bs As, ya estaba cansada y su corazoncito la mantuvo viva hasta que dejó de latir por su sangre polaca.
Cronología, fotografías y experiencias A LA MEMORIA DE JORGE EDUARDO LOZANO POLOWCZYK (1948/2024), VIVIANA POTENZONI POLOWCZYK y MARIO JULIO RONCONI POLOWCZYK.
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