Pentecostés, Shavuot y el aroma del tatarek: una tradición viva entre la fe y la primavera polaca

La festividad cristiana de Pentecostés ocupa un lugar central dentro del calendario litúrgico cristiano. Celebrada cincuenta días después de Pascua, recuerda la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en Jerusalén, tal como relata el libro de los Hechos de los Apóstoles. Para el cristianismo, ese acontecimiento representa el nacimiento de la Iglesia y el comienzo de la difusión universal del mensaje evangélico.

Sin embargo, las raíces de Pentecostés son mucho más antiguas y se encuentran profundamente ligadas al judaísmo. La propia palabra “Pentecostés” proviene del griego pentēkostē, que significa “quincuagésimo”, en referencia a los cincuenta días transcurridos desde la Pascua judía.

Shavuot: la raíz judía de Pentecostés

La celebración cristiana de Pentecostés tiene su origen directo en la festividad judía de Shavuot, una de las tres grandes peregrinaciones del judaísmo bíblico. Shavuot se celebraba cincuenta días después de Pesaj (Pascua judía) y, en sus orígenes, poseía un fuerte carácter agrícola.

Era la fiesta de la cosecha del trigo y de las primicias ofrecidas en el Templo de Jerusalén. Con el paso del tiempo, además, comenzó a conmemorarse la entrega de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí, uno de los momentos fundamentales de la tradición judía.

Según el relato bíblico, los discípulos de Jesús se encontraban precisamente reunidos en Jerusalén durante la celebración de Shavuot cuando ocurrió el episodio de la venida del Espíritu Santo: un viento impetuoso llenó la casa, aparecieron lenguas de fuego y los apóstoles comenzaron a hablar en diversas lenguas.

La relación entre ambas festividades es profunda y simbólica. Así como en el Sinaí Dios entregó la Ley al pueblo de Israel, el cristianismo interpreta Pentecostés como la entrega del Espíritu Santo a la nueva comunidad de creyentes. Muchos teólogos resumen este paralelismo afirmando que en el Sinaí la Ley fue escrita sobre tablas de piedra, mientras que en Pentecostés el Espíritu quedó “escrito en los corazones”.

La primavera, la naturaleza y las antiguas tradiciones rurales

En Europa Oriental, y especialmente en Polonia, Pentecostés adquirió además un fuerte carácter popular vinculado a la primavera y al mundo campesino. Allí la festividad recibió el nombre de Zielone Świątki, es decir, “Pentecostés Verde” o “Fiesta Verde”.

Las celebraciones cristianas absorbieron numerosas costumbres rurales y antiguas tradiciones eslavas relacionadas con la fertilidad, la renovación de la naturaleza y la protección del hogar. Entre todas ellas, una de las más características fue el uso del tatarek.

El tatarek —conocido en español como cálamo aromático o acoro— es una planta acuática de intenso aroma, utilizada desde hace siglos en las aldeas polacas durante las celebraciones de Pentecostés.

El aroma del tatarek en las iglesias polacas

Durante generaciones, en numerosas regiones rurales de Polonia, especialmente en Mazovia, Podlasie y Pequeña Polonia, era costumbre decorar casas, establos, entradas e iglesias con ramas verdes y hojas de tatarek.

Muchas veces la planta era esparcida directamente sobre el piso de los templos y de las viviendas. Al caminar sobre ella, desprendía un perfume fresco e intenso que llenaba el ambiente de un aroma característico asociado a la llegada de Pentecostés.

El verde de las plantas simbolizaba para los cristianos la vida nueva, la renovación espiritual y la acción vivificadora del Espíritu Santo. Pero al mismo tiempo, estas prácticas conservaban elementos de antiguas creencias eslavas anteriores a la cristianización de Polonia.

En la tradición popular, el tatarek era considerado una planta protectora. Se creía que alejaba los malos espíritus, purificaba el ambiente y protegía tanto a las personas como a los animales. La Iglesia, lejos de eliminar completamente estas costumbres, terminó incorporándolas dentro de las celebraciones cristianas.

Una tradición que aún sobrevive en las zonas rurales

Aunque la vida moderna transformó profundamente las costumbres rurales polacas, muchas parroquias y familias todavía conservan la tradición del tatarek durante Pentecostés.

Para numerosas generaciones de polacos, especialmente aquellos provenientes del ámbito campesino, el aroma del tatarek continúa evocando recuerdos de la infancia, iglesias decoradas de verde, procesiones rurales y el comienzo del verano europeo.

Pentecostés en Polonia es, así, mucho más que una celebración religiosa. Es también el reflejo de siglos de encuentro entre judaísmo y cristianismo, entre fe y naturaleza, entre liturgia y tradiciones populares. Y en el perfume del humilde tatarek todavía sobrevive una parte importante de la memoria cultural y espiritual del pueblo polaco.

Consultor.

Padre Dr. Jan Sikorski

 

Imágenes

Tatarek o cálamo aromático.

 

Andrés Chowanczak

Vicepresidente de la Unión de los Polacos en la República Argentina

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