El invierno más riguroso desde 2010/2011 golpea la costa del Báltico
Gdynia y Sopot —dos de las ciudades más representativas del litoral polaco sobre el Mar Báltico— atraviesan en febrero de 2026 una ola de frío de intensidad excepcional. La irrupción de una masa de aire ártico desde el norte ha provocado un marcado descenso térmico, con registros inferiores a –15 °C, valores poco habituales en la región durante los últimos años para esta época.
Históricamente, la costa polaca se ha caracterizado por inviernos ventosos, pero relativamente moderados debido a la influencia marítima. Sin embargo, las temperaturas actuales remiten a los episodios más severos del siglo XX. De acuerdo con datos del Instytut Meteorologii i Gospodarki Wodnej (IMGW), el mínimo histórico en Gdynia alcanzó los –22 °C en enero de 1987, mientras que en Sopot se registraron –24 °C en ese mismo período. Si bien las cifras actuales no igualan aquellos récords, se sitúan en un umbral crítico que pone a prueba la infraestructura urbana y altera el funcionamiento regular de la vida cotidiana.
Las consecuencias de las heladas se manifiestan en múltiples niveles. Las autoridades municipales han intensificado los operativos de asistencia, habilitado refugios temporales para personas en situación de vulnerabilidad y reforzado las tareas de despeje de hielo en calles y veredas. El sector turístico —pilar económico en la temporada estival— también acusa el impacto. Aunque el invierno suele implicar una merma en la afluencia de visitantes, las temperaturas excepcionalmente bajas han reducido aún más el flujo, pese a que el paisaje invernal del Báltico conserva para algunos un atractivo singular.
Uno de los fenómenos más significativos de esta temporada es la intensa congelación del Mar Báltico. En febrero de 2026 el hielo cubre aproximadamente el 34 % de su superficie —más de 144.000 km² sobre un total cercano a los 420.000 km², incluyendo el Kattegat y los estrechos daneses—, el mayor nivel registrado en más de quince años. Con espesores que alcanzan los 40 centímetros, la capa de hielo dificulta la navegación y ha provocado, en ciertos puntos, la paralización parcial de puertos.
Se trata del invierno más severo desde la temporada 2010/2011.
Los servicios marítimos han emitido advertencias expresas a residentes y turistas para que eviten internarse en el hielo del Báltico congelado. La aparente solidez de la superficie puede resultar engañosa: las corrientes marinas y las variaciones de espesor generan zonas inestables de alto riesgo. Los especialistas anticipan que, de persistir las bajas temperaturas, la extensión del hielo podría incrementarse durante la segunda mitad de febrero. Asimismo, los pronósticos anuncian un nuevo descenso térmico. En este contexto, se recomienda seguir estrictamente los comunicados meteorológicos y acatar las disposiciones de las autoridades locales. En el norte de Polonia, el invierno trasciende su dimensión estacional: constituye un componente estructural de la realidad social, económica y ambiental.
Más allá de los registros climáticos, la ola de frío ha transformado de manera visible el paisaje urbano y costero. Numerosas ramas se quiebran bajo el peso acumulado de la nieve húmeda y el hielo, cuyo volumen incrementa significativamente la carga estructural de los árboles. Este fenómeno no solo altera la fisonomía de parques y avenidas, sino que implica riesgos concretos: ramas caídas obstruyen el tránsito, dañan vehículos e incluso afectan tendidos eléctricos. El crujido seco de la madera al partirse se ha vuelto un sonido recurrente, símbolo audible de la crudeza invernal.
En estas ciudades marítimas, donde el viento proveniente del mar intensifica la sensación térmica y favorece la formación de escarcha, el equilibrio entre naturaleza e infraestructura se torna particularmente frágil. Playas desiertas, muelles cubiertos de hielo y un mar envuelto en brumas bajas componen una escenografía de notable belleza, pero también de exigente gestión urbana.
Pese a las dificultades, la población local vuelve a demostrar resiliencia y capacidad de adaptación. Acostumbrados a la variabilidad climática del Báltico, los habitantes ajustan rutinas, refuerzan medidas preventivas y sostienen redes de solidaridad comunitaria que mitigan el impacto de uno de los inviernos más rigurosos de la última década.
Consultor:
Dra. Małgorzata Grabowska-Popow.
Imágenes
Andrés Chowanczak
Vicepresidente de la Unión de los Polacos en la República Argentina